Asesoramiento sobre baja psicológica en el caso de ser Permanente
Publicado: Vie, 04 Mar 2022, 18:48
Hola, buenas tardes. Este es mi primer mensaje en el foro. Aprovecho para presentarme y exponer mi caso, esperando que lo que se hable sobre él pueda serme de ayuda, así como a otras personas.
Soy cabo primero permanente en la Armada, con más de 24 años de antigüedad.
Ante todo, me disculpo por la longitud que va a tener este primer mensaje mío, pero necesito soltar todo lo que siento, y agradezco mucho vuestra atención.
Mi problema viene de varias cosas que se me han ido juntando, hasta hacerme casi insoportable mi situación actual, hasta el punto de que, aunque siempre me he creído psicológicamente fuerte y por encima de estas cosas, empiezo a plantearme si debería ir al psicólogo, para exponerle lo que me pasa.
Básicamente, tenía una vida bastante consolidada en Madrid, en cuanto a forma de vida, amistades, la familia relativamente cerca, todo lo cual conseguí después de unos 14 años en las FAS. Pero cuando pasaron mis primeros cuatro años de cabo primero, y tras una primera comisión mientras estaba en SAPAD, en la que seguí trabajando en el que era mi destino en Madrid, me destinaron forzoso a Cartagena, a principios de 2014.
Desde entonces he ido pasando por tres destinos diferentes, siempre dando lo mejor de mí, con unos informes no excepcionales pero parea nada malos. Sumo CERO días de rebaje médico en 24 años. Bueno, un día, estando de campaña en Tenerife tuve que quedarme en la Comandancia, porque me dio un ataque de lumbalgia y tuvieron que ponerme una inyección. Ese día no pude trabajar con mis compañeros. Fue el único día que he faltado al trabajo en 24 años, sea por el motivo que sea. Esto lo antepongo para dar a entender que no soy persona que se queje o ande rebajándose por cualquier tontería.
Mis primeros años estuve navegando por aguas del Estrecho sin parar, estando a tres guardias y sin saliente, ya sabemos algunos cómo era la Marina entonces. Pero no me quejaba, aunque muchos que llegaron destinados al barco en el que estaba con la siguiente promoción acabaron pidiendo la baja de la Armada, todos menos uno. Porque con 22 años te sientes con fuerza para todo, y aunque estés destinado lejos de casa, bueno, ya habrá tiempo para volver con los tuyos.
Pero ahora tengo 46 años, casi 47 ya. Llevo destinado fuera de todos mis círculos afectivos, tanto familiares como de amistad, tan importante, durante ya 8 años. Por más que pido destinos en Madrid y Ferrol, los dos lugares donde tengo familia y amistades de toda la vida, es imposible. Nunca me dan nada. No es que no haga amigos en los destinos por los que voy pasando, pero los compañeros de trabajo luego tienen cada cual su vida, cuando termina el trabajo. Y yo vuelvo a estar solo. Me imaginaba aguantando eso siendo joven, y lo aguantaba. Se dan además ciertas particularidades vitales en mi caso, que si bien nunca han sido obstáculo para superar cualquier examen psicológico, fui a la Universidad antes de entrar en la Armada y me tengo por una persona inteligente y sensible, hacen que no sea relativamente fácil para mí entablar relaciones, o formar una familia. Dependo bastante de mi familia original, y aún más del círculo de amistades que forjé en Madrid, durante los años que estuve allí destinado.
Allí en Madrid estuve primero unos años alojado en las habitaciones del propio Cuartel en el que trabajaba. Luego pasé a habitar una casa de la familia. Pude incluso estudiar por las tardes, lo que me llevó a conocer gente que con los años se convirtieron en mis mejores amigos allí. Tenía, a los 36, una vida hecha, consolidada, en Madrid.
Entiendo que estoy en la Armada, donde lo lógico es navegar. También he navegado bastante, aunque menos que otros marinos, pero las circunstancias de la vida me llevaron por donde me fueron llevando.
En los últimos años me he visto durante, como digo, lo que son ya 8 años destinado lejos de la familia y amigos. Solo que ya no soy tan joven. tengo casi 47, y no hay forma de poder conseguir un destino donde poder conciliar. Esto ha ido minando poco a poco mi ánimo, hasta el punto de que creo que ha llegado el punto en que necesito atención psicológica. Por un lado llegó la pandemia, mientras estaba en Cádiz destinado. Durante ella, por causas familiares, la familia perdió la. casa en la que yo vivía en Madrid. Ya no me quedaba ni siquiera la oportunidad de poder viajar los fines de semana a Madrid, cuando podía. Me encontré destinado lejos de casa.
Recientemente, a punto de volver a entrar en SAPAD, pedí varios destinos, el último de los cuales en un pueblo de Castilla la Mancha, muy pequeño. Aquí ha sido donde se han terminado de precipitar los acontecimientos, y me veo sumido en un estado de desesperación que nunca había sentido en mi vida. Es un pueblo de poco más de 2.000 habitantes, donde no hay nada, y yo no tengo coche. Además tengo que pagar alquiler, con una ayuda a la vivienda que es la más baja de España, y mi economía no es la mejor del mundo. Apenas me sobra para poder escapar en tren los fines de semana a Madrid, pero un solo día, porque no me alcanza para pasar más noches en un hostal, y las habitaciones de las residencias militares son casi imposibles de conseguir, siempre muy pocas y con mucha lista de espera.
Para colmo de males, por razones fortuitas, que nunca preví, me enamoré de una compañera de trabajo, en este destino, ha salido mal, y lo que era en principio una muy bonita amistad que podría haberme ayudado a aguantar aquí se ha convertido en todo lo contrario, un agravante. Me siento más solo que jamás en toda mi vida, aislado, casi prisionero en este pueblo, después de 8 años lejos de familia y amigos, y ya no aguanto más. De verdad, siempre me he considerado fuerte; ya digo, solo un día, y porque me tuvieron que poner una inyección en el hospital, he faltado al trabajo en más de 24 años. En el pasado subí a los palos de El Cano, estaba destinado en los Velachos, a casi 30 metros de altura; fui voluntario a la misión del Tsunami, en el Galicia, y a día de hoy sigo haciendo mi trabajo lo mejor que puedo, en este pueblo, como siempre he hecho en todos los destinos por los que he pasado. Pero ya no aguanto más. Mi vida social aquí es INEXISTENTE. Sufro una soledad total, menos los pocos sábados que puedo escaparme a Madrid. Y esa soledad es algo que vengo aguantando durante ya 8 años seguidos, aunque en el último año en este pueblo se ha agudizado más que nunca.
Sé que vivimos tiempos difíciles, que inciden en que todo lo que nos sucede personalmente se vuelva incluso peor. Pero en estos tiempos la fuerza que nos dan nuestros seres queridos es más importante que nunca, y yo llevo, lo digo una vez más, para terminar, más de 8 años seguidos ya, destinado lejos de familia y amigos, y no puedo más, de verdad.
Por todo ello, por primera vez en mi vida, acabo de pedir cita con un psiquiatra, en espera de que me pueda dar un volante para el psicólogo.
Pero nunca creí necesitar este tipo de atención antes, y no tengo ni idea de cómo funcionan estas cosas. ¿Cabe la posibilidad de conseguir una baja psicológica? ¿Podrían ser posible terminar consiguiendo un destino en Madrid o Ferrol, para que pueda conciliar por fin mi trabajo con mi familia y amigos? Porque en este destino me queda mínimo un año para poder pedir, y mi experiencia anterior me invita a ser poco optimista respecto a poder conseguir una plaza en Madrid o Ferrol, pese a que hago ya 13 años de antigüedad con cabo primero, más de 24 en la Armada (fui tarde al curso de Cabo 1).
¿Cómo es el proceso de conseguir una baja psicológica? ¿Mancharía demasiado mi expediente? ¿Sería perjudicial a la larga para mi carrera? ¿Debo evitarla? ¿Se cobra mucho menos?
Que conste que yo solo quiero estar destinado por fin en Madrid, o en Ferrol. Son 8 años ya, pidiendo todos los destinos que he podido en ambos lugares, y jamás consiguiendo ninguno, y ya con casi 47 años, por favor. No quiero dejar de trabajar, a ser posible. Pero no sé si podré aguantar esta situación durante mucho más tiempo.
Si alguien ha leído todo esto, muchas gracias. Agradeceré enormemente cualquier consejo.
Soy cabo primero permanente en la Armada, con más de 24 años de antigüedad.
Ante todo, me disculpo por la longitud que va a tener este primer mensaje mío, pero necesito soltar todo lo que siento, y agradezco mucho vuestra atención.
Mi problema viene de varias cosas que se me han ido juntando, hasta hacerme casi insoportable mi situación actual, hasta el punto de que, aunque siempre me he creído psicológicamente fuerte y por encima de estas cosas, empiezo a plantearme si debería ir al psicólogo, para exponerle lo que me pasa.
Básicamente, tenía una vida bastante consolidada en Madrid, en cuanto a forma de vida, amistades, la familia relativamente cerca, todo lo cual conseguí después de unos 14 años en las FAS. Pero cuando pasaron mis primeros cuatro años de cabo primero, y tras una primera comisión mientras estaba en SAPAD, en la que seguí trabajando en el que era mi destino en Madrid, me destinaron forzoso a Cartagena, a principios de 2014.
Desde entonces he ido pasando por tres destinos diferentes, siempre dando lo mejor de mí, con unos informes no excepcionales pero parea nada malos. Sumo CERO días de rebaje médico en 24 años. Bueno, un día, estando de campaña en Tenerife tuve que quedarme en la Comandancia, porque me dio un ataque de lumbalgia y tuvieron que ponerme una inyección. Ese día no pude trabajar con mis compañeros. Fue el único día que he faltado al trabajo en 24 años, sea por el motivo que sea. Esto lo antepongo para dar a entender que no soy persona que se queje o ande rebajándose por cualquier tontería.
Mis primeros años estuve navegando por aguas del Estrecho sin parar, estando a tres guardias y sin saliente, ya sabemos algunos cómo era la Marina entonces. Pero no me quejaba, aunque muchos que llegaron destinados al barco en el que estaba con la siguiente promoción acabaron pidiendo la baja de la Armada, todos menos uno. Porque con 22 años te sientes con fuerza para todo, y aunque estés destinado lejos de casa, bueno, ya habrá tiempo para volver con los tuyos.
Pero ahora tengo 46 años, casi 47 ya. Llevo destinado fuera de todos mis círculos afectivos, tanto familiares como de amistad, tan importante, durante ya 8 años. Por más que pido destinos en Madrid y Ferrol, los dos lugares donde tengo familia y amistades de toda la vida, es imposible. Nunca me dan nada. No es que no haga amigos en los destinos por los que voy pasando, pero los compañeros de trabajo luego tienen cada cual su vida, cuando termina el trabajo. Y yo vuelvo a estar solo. Me imaginaba aguantando eso siendo joven, y lo aguantaba. Se dan además ciertas particularidades vitales en mi caso, que si bien nunca han sido obstáculo para superar cualquier examen psicológico, fui a la Universidad antes de entrar en la Armada y me tengo por una persona inteligente y sensible, hacen que no sea relativamente fácil para mí entablar relaciones, o formar una familia. Dependo bastante de mi familia original, y aún más del círculo de amistades que forjé en Madrid, durante los años que estuve allí destinado.
Allí en Madrid estuve primero unos años alojado en las habitaciones del propio Cuartel en el que trabajaba. Luego pasé a habitar una casa de la familia. Pude incluso estudiar por las tardes, lo que me llevó a conocer gente que con los años se convirtieron en mis mejores amigos allí. Tenía, a los 36, una vida hecha, consolidada, en Madrid.
Entiendo que estoy en la Armada, donde lo lógico es navegar. También he navegado bastante, aunque menos que otros marinos, pero las circunstancias de la vida me llevaron por donde me fueron llevando.
En los últimos años me he visto durante, como digo, lo que son ya 8 años destinado lejos de la familia y amigos. Solo que ya no soy tan joven. tengo casi 47, y no hay forma de poder conseguir un destino donde poder conciliar. Esto ha ido minando poco a poco mi ánimo, hasta el punto de que creo que ha llegado el punto en que necesito atención psicológica. Por un lado llegó la pandemia, mientras estaba en Cádiz destinado. Durante ella, por causas familiares, la familia perdió la. casa en la que yo vivía en Madrid. Ya no me quedaba ni siquiera la oportunidad de poder viajar los fines de semana a Madrid, cuando podía. Me encontré destinado lejos de casa.
Recientemente, a punto de volver a entrar en SAPAD, pedí varios destinos, el último de los cuales en un pueblo de Castilla la Mancha, muy pequeño. Aquí ha sido donde se han terminado de precipitar los acontecimientos, y me veo sumido en un estado de desesperación que nunca había sentido en mi vida. Es un pueblo de poco más de 2.000 habitantes, donde no hay nada, y yo no tengo coche. Además tengo que pagar alquiler, con una ayuda a la vivienda que es la más baja de España, y mi economía no es la mejor del mundo. Apenas me sobra para poder escapar en tren los fines de semana a Madrid, pero un solo día, porque no me alcanza para pasar más noches en un hostal, y las habitaciones de las residencias militares son casi imposibles de conseguir, siempre muy pocas y con mucha lista de espera.
Para colmo de males, por razones fortuitas, que nunca preví, me enamoré de una compañera de trabajo, en este destino, ha salido mal, y lo que era en principio una muy bonita amistad que podría haberme ayudado a aguantar aquí se ha convertido en todo lo contrario, un agravante. Me siento más solo que jamás en toda mi vida, aislado, casi prisionero en este pueblo, después de 8 años lejos de familia y amigos, y ya no aguanto más. De verdad, siempre me he considerado fuerte; ya digo, solo un día, y porque me tuvieron que poner una inyección en el hospital, he faltado al trabajo en más de 24 años. En el pasado subí a los palos de El Cano, estaba destinado en los Velachos, a casi 30 metros de altura; fui voluntario a la misión del Tsunami, en el Galicia, y a día de hoy sigo haciendo mi trabajo lo mejor que puedo, en este pueblo, como siempre he hecho en todos los destinos por los que he pasado. Pero ya no aguanto más. Mi vida social aquí es INEXISTENTE. Sufro una soledad total, menos los pocos sábados que puedo escaparme a Madrid. Y esa soledad es algo que vengo aguantando durante ya 8 años seguidos, aunque en el último año en este pueblo se ha agudizado más que nunca.
Sé que vivimos tiempos difíciles, que inciden en que todo lo que nos sucede personalmente se vuelva incluso peor. Pero en estos tiempos la fuerza que nos dan nuestros seres queridos es más importante que nunca, y yo llevo, lo digo una vez más, para terminar, más de 8 años seguidos ya, destinado lejos de familia y amigos, y no puedo más, de verdad.
Por todo ello, por primera vez en mi vida, acabo de pedir cita con un psiquiatra, en espera de que me pueda dar un volante para el psicólogo.
Pero nunca creí necesitar este tipo de atención antes, y no tengo ni idea de cómo funcionan estas cosas. ¿Cabe la posibilidad de conseguir una baja psicológica? ¿Podrían ser posible terminar consiguiendo un destino en Madrid o Ferrol, para que pueda conciliar por fin mi trabajo con mi familia y amigos? Porque en este destino me queda mínimo un año para poder pedir, y mi experiencia anterior me invita a ser poco optimista respecto a poder conseguir una plaza en Madrid o Ferrol, pese a que hago ya 13 años de antigüedad con cabo primero, más de 24 en la Armada (fui tarde al curso de Cabo 1).
¿Cómo es el proceso de conseguir una baja psicológica? ¿Mancharía demasiado mi expediente? ¿Sería perjudicial a la larga para mi carrera? ¿Debo evitarla? ¿Se cobra mucho menos?
Que conste que yo solo quiero estar destinado por fin en Madrid, o en Ferrol. Son 8 años ya, pidiendo todos los destinos que he podido en ambos lugares, y jamás consiguiendo ninguno, y ya con casi 47 años, por favor. No quiero dejar de trabajar, a ser posible. Pero no sé si podré aguantar esta situación durante mucho más tiempo.
Si alguien ha leído todo esto, muchas gracias. Agradeceré enormemente cualquier consejo.